Resquicios de Luz

Crecer al oeste del conurbano, te obliga a vivir con el sol en la cara. Asi, convertido en girasol partis a la mañana hacia el Centro, el amanecer te sacude desde bien temprano. La luz del sol, derrite lentamente tus alas a medida que vas llegando a la rutina del trabajo. Cuando volvés a tu casa, el atardecer te recuerda que a la mañana siguiente, va a ser igual. Te acostumbras a ver el mundo a contraluz.

Si te mudas a la Capital, como en mi caso, esta vida de girasol cambia significativamente. Descubrís que a partir de cierta hora, los edificios comienzan a tapar el sol. Un eclipse arquitectónico tiñe la ciudad de una suave penumbra. La oscuridad te une con la ciudad de la furia. Una tímida oscuridad prematura que deja paso, a veces, a pequeños resquicios de luz que irrumpen con tenacidad entre medianeras y bocacalles. Otras veces, la modernidad vidriada hace que el sol se proyecte especularmente sobre paredes y asfaltos con formas caprichosas.

Realizado en su mayoría mientras circulaba en bicicleta por la ciudad, este trabajo muestra el laberinto de claroscuros que se dibujan cuando el Sol disputa su podio con las sombras. De como estos eternos rivales interactúan con la arquitectura de Buenos Aires y la gente que la habita. De la alienación de la vida urbana vista desde la perspectiva de la luz, su ausencia y como nos configuramos cotidianamente.