Cuando me había acostumbrado

Por Mariano Cirigliano.

Y cuando me había acostumbrado a estar ausente, perteneciente a otro lugar y contemplando la vida en un cubículo impersonalizado y genérico. Habitando lo ajeno. Un atentado a la rutina me obliga a buscar refugio en casa. Un espacio inundado por luces y fulgores fugitivos. Tiempos que no me pertenecían del todo a pesar de ser propios, se mostraron ante mis ojos como una revelación manifiesta. Descubrí que cada rincón arroja su luz a quien desee y tenga el valor de enfrentarse y hacer la pregunta correcta, en el momento adecuado.


Es que estar en casa a toda hora, se parece a una búsqueda del tesoro. Busco, más no encuentro nada de lo que conocía. Porque lo conocido está afuera y entra por una ventana sin pedir permiso. Tal vez para burlarse o para recordarme que todo sigue estando ahí pero ha cambiado. Susurra con ese ligero calor de otoño. ¿Y ahora qué? La misma pregunta que se repite todos los días con cada rayo de luz nuevo. También será la de mañana, y el ayer de mañana, ahora. Pasaba la mitad del día fuera de casa, y la mitad del tiempo en casa durmiendo. Sin embargo, el ahora me fuerza. Intento elaborar una nueva rutina y la saboreo hasta la última cucharada. Podría darle todas las vueltas posibles a las circunstancias que nos tocan vivir hoy y encontrar que en algún momento el círculo se morderá su propia cola. Y que en definitiva, el perro será el mismo. Ya sin su cola.


Volveré a salir, volveré a acostumbrarme. Por ahora toca resistir. Como las marcas en la piel que se me hicieron de niño jugando el mundo que me tocó en suerte, en algún momento sanan y me dejan su historia. El presente ensayo explora las reflexiones de los primeros días de aislamiento y cambio de hábitos propios y de mi familia a raíz de la cuarentena declarada para combatir la pandemia del COVID-19 desatada mundialmente durante el año 2020.